- ¡¿Donde está?! ¡¿Dónde está ese viejo de mierda?¡ -Entró gritando el Gonzalo, muerto de curao’ a mi casa.
- ¡Gonzalo, tranquilo. Cálmate un poco!
- ¡Cállate hueona! Y dime, ¿donde está tu papito?
- ¿Qué ocurre? –Pregunta mi mamá saliendo de la cocina- ¿Gonzalo, qué te pasa por dios, qué haces aquí?
- ¡Cállese vieja concha de su madre! ¡Nunca fue capaz de tener una opinión y ahora me viene hacer callar! ¿¡Por qué no se va a la chucha mejor?!
- Mamá, por favor, ándate a la pieza, yo me encargo de él… -le digo mientras retengo al Gonzalo.
- ¡Cómo se te ocurre! ¡Voy a llamar a los carabineros!
- ¡Mamá, por favor…!
- ¡Donde está este viejo culiao!
- ¡…Ándate a la pieza y ciérrala con llave! –Mi vieja me mira muy asustada. Al parecer comprende lo que le estoy diciendo y me hace caso.
- ¡Oye Suéltame! ¡Suéltame hueona, suéltame!
- Cálmate Gonzalo, porfa cálmate…
- ¿Dónde está? ¿Dime donde está?
- Ya no vive aquí. Hace dos semanas que se fue.
- ¡Mentira! ¿Dime donde está? ¡Da la cara viejo maricón!
- ¡Por la cresta Gonzalo, mírame! Él se fue, ya no vive aquí… - Me queda mirando fijo, en silencio. Sus ojos se le llenan de lágrimas. Nunca lo había visto así, nunca imaginé verlo así. Me duele por lo que está pasando, por lo que estamos pasando. Es increíble como de un momento a otro todo se pudre, se muere. Aún recuerdo cuando lo conocí, aún recuerdo su mirada segura y valiente. El recuerdo, es sólo eso, un recuerdo. – El aborto lo hice para que él se fuera. Y cumplió.
-¿Ese era el valor de nuestro hijo? – Me preguntó llorando. ¿Dime po hueona, ese era el valor, tu felicidad?
- Ese era el valor, de mi libertad…
- Puta… Le aforro una cachetada fuertísima. Su labio comienza a sangrar. Me queda mirando y me vuele a repetir que soy una puta, una y varias veces, con furia, con rabia, con dolor. Termino por creerlo. Termino por admitirlo. Voy a la cocina, llorando, y lleno una copa con agua. Se la paso – Toma, siéntate- Él bebe un sorbo y el agua se torna de color rojizo.
- La ves ¿Dime, la ves? –Me pregunta levantándola con la mano
- Sí, la veo –respondo segura
-Si me hubieran pedido dar la sangre por mi hijo, ni siquiera lo habría pensado – La deja caer al suelo, quebrándose en mil pedazos. Quedo inmóvil. Se levanta, en silencio. No logro encontrar su mirada. Con su hombro golpea el mío. Debido a lo curado que va, se afirma en la muralla, abre la puerta, me mira y me dice nuevamente que soy una puta. Da un portazo y se va.
Viernes 28 de Febrero
- ¿Qué bueno que ya te vas? Para ti todo es simple. Así de simple.
- Gonzalo, siéntate. –Me senté. Cruce mis piernas en posición a lo indio y me apoyé hacía atrás-
- ¿Quieres llenarte de excusas de nuevo? Ahórratelas. Guárdalas para la próxima vez…
- ¡No eres capaz de entender! –Subió el tono de su voz. Subió su sensación de seriedad- Gonzalo, tienes que madurar. Tienes que crecer. Yo sé que nada para ti ha sido fácil. Nada. Y doy gracias a dios que estuve contigo en los momentos más difíciles que te ha tocado pasar. La muerte de un hijo no se vive todos los días, créeme. Pero pienso que lo que estás viviendo es parte de tu esencia, de tu gestación. Quizás sientes que soy un desgraciado al dejarte en los momentos más complicados, en donde uno necesita la compañía de los amigos o de los padres, pero creo que en esta ocasión la presencia de uno mismo es la mejor asociación de tú y tus problemas. Estuve en tu nacimiento. Estuve cuando tu madre murió y estoy cuando creces, pero llegó la hora de que reacciones y te cuestiones ¿Has hecho algo a lo largo de tu vida, que realmente haya valido la pena, para ti? –No sé que pensar. No sé que decir. No sé que hacer. Creo que llegó ese momento en donde tocamos fondo, en donde te das cuenta que todo tu entorno se fue a la cresta, donde observas y encuentras que todo está mal. Me siento desnudo. Me siento calvo. Me siento derrotado. Mi Papá acaba de entender lo que me está pasando y yo me quedo en blanco. Mudo. Soy un tipo cobarde, un tipo pequeño. Lo acabo de descubrir. Tengo esa sensación de piel de gallina. Quiero olvidar. Quiero borrarme.- No me respondas nada. Silencio- Me pone su dedo en mi boca- Te Amo hijo, y quiero que eso te lo guardes, no solamente aquí –Apuntó mi cabeza- Si no también aquí -Apuntó mi corazón. Se alejó, tenuemente. Tomó su bolso, abrió la puerta y con su mano simbolizó un teléfono - Llámame- Se fue.
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6 comentarios:
está bueno. Igual medio cebolla , pero weno.
mmmmmmmmmmm y qué pasa ahora me pregunto yo?
genial el consejo del papá de gonzalo, pero que se puede hacer cuando sentimos que todo se fue a la cresta¿?
me gustó, como todas las otras entregas.
vale la pena la espera.
mmm...que mal lo de gonzalo...hace bien leer cosas de gente que esta ultracagada :)
buena como siempre ;)
pal pico weon, por que me suena a algo vivido...
tu entiendes que no estoy pasando por un buen momento.
abrazos
quique
acuerdate de mi favor
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