12/30/2006

Rápido

Entro a mi departamento, veo a la Lulú desnuda con un delantal de cocina esperándome. Me observa, se rié y cree que sabe todo de mí. Pero no tiene idea. Le digo que me voy. Le cambia la cara. Me pregunta por qué. El silencio me acompaña. Agarro mi bolso y echo lo que encuentro, la beso en la mejilla y me patea, me golpea con sus manos y me detiene, sólo por un instante. Me grita que soy un cobarde, que no entiende qué me pasa, que si quiero que ella se vaya, que se lo diga, pero que no ande con pendejadas y le miento, le digo que me voy a donde mi viejo por unos días, que no soporto más ésto, siento que todo; nuestros amigos, mi vida, nuestra relación, hace rato se fue a la mierda y necesito vivir otra vida y no saber más de mí. Le confieso que no he podido olvidar a la Pía, que he soñado muchas veces con el hijo que nunca tuve y que no quiero volverme viejo sin saber lo que es la felicidad. Se acerca, me abraza y la rechazo. Salgo del lugar, bajo las escaleras, camino hacia Providencia y tomo un taxi. Me abre la maleta y me pregunta donde voy, le digo que a los Trapenses. Marco el teléfono del Andrés pero no me responde, le dejo un mensaje: El Pedro te cagó con la Valentina y se quiere arrancar con ella. Piensa bien lo que vas hacer. Cuidate. Veo la ciudad pasar. Veo que me siento en paz. Estoy dejando todo atrás por mí y me gusta. Le digo al chofer que me deje por aquí. Me faltan dos cuadras que prefiero caminar. Con mi bolso en la espalda me acerco donde está mi deuda pendiente. No sé que le voy a decir, sólo quiero verla por última vez pero algo anda mal. La tengo frente a mí, comiendo el helado que tanto le gusta, con un rostro frío me demuestra una belleza particular. Bajo la mirada y me doy cuenta que tiene barriguita. Es preciosa. Dejo caer el bolso, me acerco un poco y ella se detiene, me observa y me pide que la nombre. Suavemente digo Pía pero me dice que no, me pide que nombre a la señorita que está adentro escuchando lo que conversamos. No sé que decir. No sé que voy hacer. Es aquí, en este preciso instante donde entiendo que mi vida cambió. Me siento realmente feliz.

Y la nombro.